La Educación para la Ciudadanía como instrumento de la Alianza de Civilizaciones.


Estos días he visitado  el blog de Bibiana Aído, Ministra de Igualdad, de quien fui compañero en la Ejecutiva Provincial de Cádiz, allá por el año 1997/98, y he leído su intervención  en la inauguración del foro de reflexión organizado por el Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados sobre el papel de la mujer en la alianza de civilizaciones, lo cual me ha llevado a realizar este comentario a partir desde la primera pregunta que nos hace.

 ¿Desde qué criterios debemos partir? En un principio debemos hacer frente a la diversidad cultural que existe en el mundo, empezar construyendo una sociedad libre de xenofobias y de prejuicios,  mediante una sociedad presidida por los encuentros interculturales y analizar la inmigración desde una posición intercultural. Como bien dice la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, “los retos que tienen las sociedades del siglo XXI son muchos y uno de los más importantes es el de la gestión de la diversidad cultural”, por ello debemos buscar los criterios políticos que nos lleven a este objetivo.

Ante esto las mujeres deben realizar un papel importante en la Alianza de Civilizaciones, pues tienen algo que decir en lo relacionado con las culturas, ya que son una voz especialmente importante a la hora de hablar sobre este tema. Esto es debido, tal como dice la Ministra de Igualdad, “las mujeres a lo largo de los tres últimos siglo han luchado contra aquellas tradiciones, costumbres y  perjuicios que eran fuente de discriminación o fortalecían las posiciones de desigualdad que sufren”.

El nuevo orden  internacional que se está configurando no puedo construirse sobre la desigualdad y la dominación, es la idea que subyace tras la Alianza de Civilizaciones. Por ello las personas que tenemos un fuerte compromiso con la igualdad creemos que las costumbres y las culturas no pueden realizarse desde la subordinación de las mujeres.

Las mujeres no pueden seguir cargando sobre sus espaldas el peso de las señas de identidad de su comunidad cultural. Por ello nos podemos preguntar si tenemos que estar obligado a respetar o proteger las tradiciones culturales, incluso ¿cuando faltan al respeto y los derechos de las mujeres? Yo creo que todas las culturas marginadas son dignas de protección y respeto, pero no todas tienen que ser y protegidas, y sobre todo cuando sobrepasan los límites de los Derechos Humanos.

Las tradiciones culturales que vulneren los derechos humanos y promuevan las desigualdades deben ser sometidas a la crítica y se deben crear los instrumentos necesarios para que sean eliminadas.

La mejor forma que nos va a permitir eliminar estas tradiciones, que erosionan los derechos de las mujeres y las niñas son las políticas de prevención, por ello estoy a favor de la Educación para la Ciudadanía. Porque creo que la educación es el espacio idóneo desde donde se puede construir las relaciones marcadas por el respeto a la diversidad. Las aulas son donde los encuentros interculturales, sobre todo entre los más jóvenes, los mejores espacios y allí es donde tenemos que llevar las políticas más innovadoras de gestión de la diversidad cultural.

La Educación para la Ciudadanía promueve en las escuelas los marcos adecuados en los que son posibles compatibilizar la igualdad entre los hombres y las mujeres, con la crítica a la xenofobia y al racismo.

La Educación para la Ciudadanía combate las posiciones políticas más conservadoras, las cuales sostienen que nuestro mundo está inevitablemente abocado al conflicto entre civilizaciones y culturas, es decir que la segregación y la creación de nuevas fronteras sociales es una realidad inevitable de la que no nos podemos sustraer.  Por eso la Alianza de Civilizaciones tiene como instrumento la Educación para la Ciudadanía que primeramente es una propuesta ética y política que señala es mejor el diálogo que la confrontación, y es más aceptable el encuentro intercultural que la creación de fronteras entre culturas.

En este mundo que vivimos debe ser posible y deseable el acercamiento, el conocimiento y el respeto a las costumbres y otras culturas, y al tiempo exigir el respeto a los Derechos Humanos.

Como bien dice Bibiana Aído, Ministra de Igualdad: “Un mundo con unas relaciones humanas basadas en la igualdad es un mundo más humano y más civilizado”.

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