Carta desde las tripas

Sé que la pegas. Lo noto en ella. No hace falta que me lo diga, con su voz inquietada por tu respiración cuando estás cerca. Sobran las palabras porque su corazón se pone a cien cada vez que escucha tu llave en la cerradura. Se coge las manos para que no veas el pánico retemblando, como si un seísmo le naciera. Y cuando te oigo entrar en casa, antes de enfrentarse a ti con el gesto del lobo herido, ella cierra los ojos, inspira hondo, se encomienda a Dios y espera lo peor. Seguir leyendo “Carta desde las tripas”