El arte de defenderse


Seguro que cuando Ana Pastor afirmó con vehemencia que el Partido Popular, su partido, nunca se vería salpicado por la corrupción, estaba realmente convencida de lo que decía. Porque Ana Pastor es una mujer honorable y en su cabeza no podía caber que el partido en el que milita estuviera directamente relacionado con esos sucios asuntos de las comisiones y los escándalos inmobiliarios. Por eso hoy, sabiendo lo que sabe, lo que todos sabemos, Ana Pastor debe estar, cuando menos, llena de perplejidad, de duda y de confusión.

Y es que Ana Pastor no es el prototipo de política que hace coraza del cinismo y despacha los inconvenientes con largas cambiadas. Dijo lo que creía cuando lo creía y ya está. Luego, cuando los escándalos comenzaron a abrirse camino entre sus filas, es verdad que intentó forzar un poquito la defensa del honor partidario (y seguro que lo hizo de buena fe) afirmando que sólo había políticos del PSOE en la cárcel. Y en aquel momento era cierto -el alcalde de Ciempozuelos estaba en prisión- y podía decirlo. Pero hoy, cuando los jueces empiezan a encarcelar a importantes miembros de su partido, cuando las presunciones y los indicios evidencian que algo huele a podrido en varios ayuntamientos gobernados por el PP, ¿Qué esfuerzo deberá hacer la diputada Pastor para no caer enferma de desilusión y desesperanza? Porque debe de ser durísimo que alguien en quien crees absolutamente te defraude por completo. Esperemos que, por el bien de un partido que necesita hoy más que nunca de gente íntegra, sea capaz de sobreponerse a este infortunio.

Y es que para hacer frente a estas malas noticias hay que tener una piel muy dura, hacer, como decía, coraza del cinismo; como Zaplana, por ejemplo, un auténtico fajador en estas lides. Capaz de afirmar sin que su bronceado denote el más mínimo apunte de rubor, que cuando gobierna el PSOE es cuando aflora la corrupción.
Es evidente que si el Señor Zaplana se refiere a que con ellos en el poder la corrupción no afloraba; permanecía oculta, olvidada, gestada pero escondida a los ojos del público. Pues habrá que darle la razón. ¿Por qué es malo que la corrupción aflore? No, lo malo es que exista, pero que aflore y se juzgue y se castigue no solo es magnífico, es necesario para que en este país no se generalicen esas prácticas que carcomen la democracia y que ya hoy dan signos de estar demasiado extendidas.
Otra manera menos sutil para enfrentar el problema de la denuncia es defenderse con un ataque tan virulento, tan desmadrado y tan soez, que ofende no solo la inteligencia de la gente, sino su más íntimo sentido del pudor, e irremediablemente descalifica a quien la practica y le pone en evidencia. No era previsible en un hombre de buenas maneras un discurso tan abyecto como el que pronunció José Manuel Soria, Presidente del PP en Canarias, afirmando sin el más mínimo recato que “el PSOE cuando tuvo que matar, mató,… y cuando tuvo que secuestrar, secuestró…” Un discurso que sólo puede haber nacido de la angustia y el nerviosismo al ver cómo los jueces van destapando un entramado que afecta directamente a tu partido. Es, sin duda, el estilo que marcan los asesores mediáticos, y la Fundación FAES, y que los Zaplana y Acebes aplican como alumnos aventajados –no olvidemos que este último apoyó el discurso de Soria- . En estas batallas hay que ser más sutil y civilizado. Como José Maria Rodríguez, Consejero de Interior del Gobierno Balear, que cuando fue preguntado por los periodistas sobre su conversación telefónica con Eugenio Hidalgo, dijo que le había llamado por que era lunes y para saber como le iba… Pues claro que si, pura cortesía de un Consejero de Interior hacia sus alcaldes: dar los buenos días al arrancar cada semana. Y más tarde, cuando sale a la luz su conversación real, en la que advierte de la próxima intervención judicial, se encasqueta la coraza del cinismo y se convierte en víctima de los medios de comunicación que usan filtraciones de sumarios y pinchazos inconstitucionales ordenados por un juez.
Esta última postura estratégica, la del victimismo ante “la España policial que está creando Zapatero y su manejo partidario de las instituciones”, es la que sin duda va a modelar el nuevo discurso del Partido Popular en este tema de la corrupción. Matas, que es un hombre inteligente y práctico, ha lanzado una ofensiva que en la calle Génova parece haber prendido con fortuna. Ha creado un paralelismo –¡menuda rizada del rizo!- entre el caso Andratx y el 11 M. Los socialistas quieren desalojarlos del poder con las mismas artimañas con que lo hicieron el 14 M: ahora, como entonces, lo importante ya no es que se hayan cometido unas fechorías, lo importante es acabar con el Gobierno. ¡Magnífica tesis! Y se queda tan pancho.
Hay momentos en que los políticos pierden el Norte y olvidan que la gente, sus votantes, o mejor dicho, aquellos votantes que no están dispuestos a comulgar con ruedas de molino, no son tontos y empiezan a estar hartos de este burdo manejo de la cosa pública. Es cierto que, como se dice ahora, este tema de la corrupción urbanística es bastante transversal, o sea que toca a unos y a otros. Y ha llegado el momento en que todos deben ponerse de acuerdo para acabar con este estado de cosas cuyo repugnante olor va a obligar a la gente a acudir a las urnas con la nariz tapada. Los que acudan.

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