Marbella 1991-2005. El holocausto de la memoria


SIEMPRE he defendido, y el tiempo me ha dado la razón, que la desidia por el patrimonio histórico de Marbella no obedecía a un desinterés de los sucesivos gobiernos gilistas sino a una inusitada intención de borrar o desvirtuar pasado alguno. Y a los hechos me remito cuando afirmo que todo rastro histórico ha sido atacado, aislado, ocultado y, si hacía peligrar los intereses económicos del equipo de gobierno, sepultado y arrasado, robando nuestras raíces y prohibiendo nuestra identidad desde los tiempos más remotos.

Cuando en 1991 el populismo más rancio, que parecía estar erradicado de las democracias occidentales, gana las elecciones en Marbella, los edificios de la fábrica de El Ángel, transformados en colonia agrícola, son destruidos junto a la maquinaria y enseres que se conservaban en su interior. En su lugar, las obras de una nueva “gestión”, viviendas gratis de mármol. Era el símbolo del nuevo régimen que con la leyenda de “programa GIL” recordaba a aquellos barrios de los 25 años de paz del franquismo. La fábrica de abajo, vanguardia de la Industrialización ibérica, fue borrada de igual forma que los templos romanos bajo los alcázares o las mezquitas bajo las ermitas cristianas. Esto sería el preludio de los quince años de holocausto que iba a padecer nuestra memoria.De igual forma que la dictadura demonizó la República, cualquier alusión al Estado de Derecho y al bienestar social recibía los más atroces improperios desde el nuevo orden local. El patrimonio histórico sería quién más iba a sufrir porque había que eliminar todo indicio que confirmara que Marbella existió antes de 1991.Las bellezas histórico-artísticas languidecían ante la impasible mirada del gobierno local. Las ruinas eran cada vez más ruinas y el centro histórico perdía su estética y buena parte de sus edificios. Pero aún llegarían más lejos. Cuando la Historia podía poner en peligro los intereses económicos se optó por el terrorismo arqueológico al servicio de la especulación y con la connivencia de quienes tendrían que haber velado por la legalidad. En 1999, con nocturnidad y alevosía, las máquinas arrasaban junto a Torre Real el que sería el yacimiento fenicio más importante de la provincia. Las ilusiones ante las dimensiones del descubrimiento se desvanecieron y la rabia se tuvo que contener una vez más. No sería la última ocasión. Cuatro años después otro atentado arqueológico borró toda huella del yacimiento de Siete Revueltas.Será difícil volver a encontrar una consecución de equipos de gobierno que hayan manifestado una mayor falta de respeto a la historia de un pueblo. Sólo la ineptitud o la mala intención pueden hacer que una ciudad turística con tal riqueza patrimonial tenga tan exigua oferta. En la actualidad, los tesoros del centro histórico se esconden tras paredes encaladas y puertas tapiadas, ocultando al mundo exterior que la Historia está presa por los gestores municipales. En tan sólo 100 metros de diámetro, el renacentista convento de la Trinidad acumula basura y escombros, el Hospital de San Juan de Dios amenaza con desplomarse, las paredes de la Alcazaba califal amanecen agujereadas y a la torre de la parroquia, junto a su portada barroca de arco poliobulado, le crece aledaño un edificio de dimensiones deplorables, y por supuesto ilegal. Triste paisaje, que bien podría observarse desde los miradores con reminiscencia nazarí, si no lo impidiese el lamentable estado en que se encuentran.El otro casco histórico, el de San Pedro Alcántara, ni tan siquiera está reconocido. La Casa de los Administradores y la Casa de Robledano han sido sustituidas por bloques de hormigón, los mismos que asfixian la Casa de los Dependientes. El mismo material que fue utilizado con nefasto criterio para remozar el Trapiche de Guadaiza, que otra vez yace abandonado.Por otra parte, los tres Bienes de Interés Cultural más conocidos, pese a la incompetencia municipal, se resiente ante la intencionada ineficacia del Ayuntamiento. Los restos de las significativas techumbres de las termas romanas caen sobre el público que asiste a los conciertos estivales que se celebran sobre el yacimiento. Mientras tanto, la singular pila bautismal de la basílica paleocristiana de Vega del Mar sobrevivirá en los negativos fotográficos cuando definitivamente se desgaje por las grietas actuales. En cuanto a la villa romana de Río Verde, su color se degrada y las teselas desaparecen, aunque la imagen de la medusa, cada vez más deteriorada, se concibió para protegerla. Y es que en los últimos 15 años han sufrido más que en sus dos milenios de historia.Pero otros restos, aún también siendo algunos de ellos Bien de Interés Cultural, han corrido y corren peor suerte. Las pinturas de la cueva de Pecho Redondo se borran con la complicidad del silencio institucional. Las torres vigías se decoran con grafitis o sirven de improvisado y gratuito aliciente para vender copas en Puerto Banús. Quién les diría a estas torres almenaras, que en una época se levantaron para protegernos de los corsarios que llegaban por mar, que varios siglos después iban a ser atacadas por piratas procedentes del norte y llegados por tierra. El Trapiche del Prado, testigo de una pujante economía en la Marbella del siglo XVIII, ha quedado restringido a una indigna cuadra, reduciéndose cada vez más su señorial arquitectura. En el Cortijo de Miraflores, el yacimiento que dio a luz una posible ermita rupestre mozárabe y un pequeño entramado industrial, duerme bajo tierra, escéptico pero seguro, a la espera de que los arqueólogos reciban los pagos prometidos. La ferrería de Heredia, o lo que queda de ella, continúa en manos privadas. En estos momentos, la más conocida fundición de España, hace casi dos siglos, teme quedar rodeada de promociones inmobiliarias. Las torres del cable de la Mina del Peñoncillo, emblema de otra época, han sido de las últimas en ser objetivo de un atentado contra la memoria colectiva. El único refuerzo en los últimos años fue una capa de pintura azul y blanca, que cubría la osteoporosis de sus hierros. En cambio, otras joyas como la fundición de Buenavista, se conserva casi intacta gracias a que se encuentra escondida en la ladera de la Sierra Blanca, un paraje donde por el momento no se puede especular.Un Atila ha pasado por Marbella sembrando el olvido y borrando nuestra historia. Una plaga que a veces creció con nuestro silencio y que no llegó a más, gracias al importante papel de resistencia que jugó Cilniana, quien actuó como un verdadero Frente de Liberación Cultural. A pesar de lo acontecido, aún estamos a tiempo de defendernos de los bárbaros y salvar los resquicios que quedan de nuestra memoria, si queremos dejar a las próximas generaciones un pueblo con pasado.

José Bernal Gutierrez, Vicesecretario General del PSOE Marbella e Historiador

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s