La cultura del insulto pracitcada por el PP.


El insulto no es otra cosa que el recurso de los incapaces para mantener un criterio. La falta de soporte intelectual y la insolvencia para comprender la diferencia obligan a los individuos primitivos a proferir injurias. Luego, la escalada de palabras más gruesas, si el que recibe los improperios reacciona en igual medida nos convertimos en animales que destruimos la democracia y el respeto de nuestros conciudadanos. Y el machismo establecido en nuestra sociedad determina que quien no contesta la provocación es un cobarde. Difícil escapatoria. Solo una inteligente aplicación de principios democráticos puede evitar esa trampa.

En Marbella el PP se está convirtiendo en un gran receptáculo de vulgaridad en el que germinan conductas inconcebibles en nuestro ámbito político. La falta de cultura democrática está, en la mayor parte de los casos anclada en un bajo nivel cultural. La incapacidad para la dialéctica convoca la injuria, porque quienes así reaccionan piensan que ese proceder encubre sus deficiencias.
Los campos de deportes son vertederos de esas expresiones; algunos consiguen tener una dualidad de comportamientos: insultan en la cancha y se contienen en la calle. A muchos siquiera eso les es posible porque les resulta tan intolerable la diferencia que el no poder refutarla con argumentos les lleva a la descalificación mediante el insulto.
El PP de Marbella, con su candidata a la cabeza, arrastra una herencia de incultura democrática producto del franquismo sociológico y político. Durante la mayor parte de los años de la transición, el franquismo ha estado arrinconado por la vergüenza de quien, habiendo sido todo en la dictadura, terminó por ser desenmascarado por las libertades. Ahora los residuos del franquismo se han despertado de ese letargo vergonzoso, aguijoneados por una derecha política resucitada en la agresión y la crispación como metodología de trabajo. El odio que se vierte en algunos medios de comunicación, que reproducen dirigentes políticos incapaces de articular argumentos y proyectos, termina por descender en cascadas hasta las tabernas y la calle se comienza a volver intransitable.
Seguir vertiendo monstruosas acusaciones sin fundamento es una vía de deterioro de las instituciones, y nuestro administración local esta mal trecha por estos 15 años de gobierno populista, y esto conlleva a un difícil retorno. La existencia de un periodismo amarillo que ha ganado plazo de notoriedad en este país de democracia tan tardía, es una garantía de que la intolerancia irá conquistando posiciones en nuestra sociedad. Todavía no se han dado cuenta quienes así actúan que están convocados a terminar siendo unos fanáticos y delincuentes de la palabra, con tendencia a derivar hacia los hechos violentos.

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